lunes, 6 de junio de 2011

NUESTRO ENLACE ENFOQUE365.NET..


Todos los asesinados los calabozos del CIPC en El Rosal estaban en la cárcel sin orden de un juez y a uno de ellos, le habían pedido nueve mil bolívares para dejarlo libre.
.
.
.
Por Santiago Alcalá
A partir de la sentencia 2.580 del ex magistrado Cabrera se les delegó a los funcionarios policiales la potestad de dictar medidas privativas de libertad, sin previa autorización judicial. Tal derogatoria de la Constitución, tolerada por la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, se ha convertido en foco de chantaje.  En el CICPC, numerosos funcionarios se exhiben como propietarios de camionetas Explorer, que cuestan medio millón de bolívares. A veces, piden “pa’ mi general” que es como llaman en su argot al comisario general Wilmer Flores Trosel, director del organismo policial. En la División de Capturas, les cobran a los rateros y hampones comunes, tarifas “solidarias” para excarcelarlos. En la División Contra la Delincuencia Organizada, piso 6 del CICPC, extorsionan en dólares. El ministro del Interior y los directivos del CICPC, cual maridos engañados, alegan ser los últimos en enterarse de estas mafias que operan en sus narices. 

-----------------------------------


Si el desgobierno de Chávez aspirase al título de medianamente decente –que tampoco lo es- a estas alturas el ministro del  Interior Tarek El Aissami, el director del CICPC, Wilmer Flores Trosel y el subdirector de ese organismo policial, Alvis Pinto, estarían destituidos y hasta, tal vez, bien presos por los asesinatos de tres detenidos en las mencionadas instalaciones policiales.
Escribía Rochefoucauld, que la hipocresía es un tributo que le rinde el vicio a la virtud. Pero ni siquiera eso. En predios de la revolución forajida impera como contracultura, la desvergüenza, la impudicia, la desfachatez. Ni siquiera se molestan en fingir en hipocresías para ocultar lo que son.
SIN TALENTO Y SIN PROBIDAD  Williams Nazareno Pérez de 27 años, Pedro Cipriano Rivero Rivas, de 32 y Rubén Arnal de 33, fueron asesinados la noche del  24 de mayo en los calabozos de la División de Capturas del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminológicas, CICPC.
En el drama hay para todos los gustos y disgustos. Corrupción, porque desde las informaciones iniciales salió a flote la red de extorsión que impera en la mencionada División de Capturas, en la que a uno de los detenidos y posteriormente ajusticiado, le exigieron nueve mil bolívares a cambio de su libertad. Ineptitud, porque el ministro El Aissaimi, en clara demostración de su medianía intelectual intentó justificarse con la siguiente perla: “Los presos murieron por causas ajenas a las palizas que recibieron en los calabozos”. Violación de los derechos humanos, porque con motivo de la masacre salió a flote que el centro de reclusión torturan, vejan y hasta existe un muro conocido como “El Fogón” desde donde lanzan a los presos que no se bajan de la mula.
Un jefe policial, alegó que el hacinamiento en las ergástulas del CICPC era por el aumento del número de presos, a causa de “la efectividad” de los operativos de seguridad. Otro, en específico, el subdirector Alvis Pinto, pretendió encubrir la verdad aduciendo un supuesto síndrome de abstinencia en los fallecidos, debido a que se trataban de farmacodependientes. Nuestro Libertador se quejaba del talento sin probidad. No sé que diría de estos casos en que no hay ni probidad ni talento
Hasta ahora,  las únicas sanciones han recaído sobre funcionarios medios: Rafael Caicedo, jefe de la División de Capturas, hoy prófugo y los segundo y tercero de a bordo, de esa misma dependencia,  Marlon Yordan y Thales Rivas. Pero este columnista sostiene que los verdaderos responsables, han salido lisos, sanos y salvos, tal como se puede esperar de un gobierno cuyos jerarcas, comenzado por Chávez, siempre descargan culpas propias en sus subalternos.
LOS VERDADEROS RESPONSABLES:
CABRERITA Y LA FISCALA
La Constitución, en su artículo 41 establece que nadie puede ir preso sin mediar orden judicial. Ese mismo precepto, sin embargo, acepta la omisión de tal formalidad en casos de delitos flagrantes.
Flagrancia, viene de flagra, es decir, que se está ejecutando en la actualidad. Un individuo que es sorprendido mientras comete una acción criminosa flagrante, excepcionalmente, puede ser privado de su libertad sin la intervención judicial. 
Pero el ex magistrado Cabrerita, el 11 de diciembre de 2001 dictó la sentencia 2.580 mediante la cual amplió el concepto flagrancia. Bastante que había medrado el ex magistrado en cuestión, con banqueros, aseguradores y magnates, por lo que estaba urgido de bienponerse con la supuesta revolución proletaria. Fue así como además de dictar aquel fallo atentatorio contra la libertad de expresión, sentó la juris-imprudencia de la flagrancia por “sospechas”. Es decir, preso sin orden de un juez no con base en la inmediatez de la acción, sino con base en sospechas.
¿Y quién dictamina la calidad y cantidad de tales sospechas?
¡Los organismos policiales! Fue así como se derogó, de facto, el artículo 44 de la Constitución Nacional y se privó a los venezolanos de una garantía elemental. 
William Pérez, fue detenido mientras reparaba su moto. El CICPC, después de matarlo, alegó que estaba solicitado por dos homicidios perpetrados ¡menuda flagrancia! en 2004 y 2006. A Rivero Rivas, lo apresaron cuando regresaba a su casa por una supuesta violación cometida el día anterior, pero también sacaron a relucir su pretendida conexión con el asesinato de una dama varios años atrás.  Este columnista no puede calificar si eran inocentes o culpables. Lo que nos interesa destacar es que estaban presos sin orden de un juez por delitos que de ninguna manera fueron flagrantes, a no ser que se adopte la babosa juris-imprudencia de Cabrerita Romero.
Entregarle a los policías licencia para la detención es como darle una ametralladora a un mono. Por eso el CICPC se ha convertido en un foco purulento de cohecho en el que los funcionarios aplican indiscriminadamente, el bájate de la mula.
EXTORSIÓN EN EL PISO 6Cualquier persona que haya tenido la oportunidad de visitar las sedes del CICPC  habrá constatado que en los alrededores abundan las camionetas “Explorer” y las “4Runner”. Todas son propiedad de los funcionarios policiales.
¿Y cómo se compra un comisario, un subcomisario y hasta un inspector, un automóvil que se cotiza a medio millón de bolívares?
En la División de Capturas del CICPC matraquean a los rateros y delincuentes comunes, como ha salido a relucir en el mencionado crimen triple. Pero el piso 6° de la sede central, funciona la División Contra la Delincuencia Organizada, que se ha convertido en terror de los pequeños y grandes comerciantes. En el ambiente policial, eso es algo del dominio público.
“¡O te bajas o te dejamos detenido! Sin juez, sin fiscal porque aquí quienes damos ‘cana’ somos nosotros”.
Muchas veces los funcionarios chantajistas, piden, pa’ “mi general”, que es como en su argot  llaman al comisario general que dirige el organismo. Otras para jefes menores. Pero lo que sí es  común y corriente en el piso 6° son las coimas en dólares. Si eres inocente, para que no te conviertan en culpable y si eres culpable, para que te conviertan en inocente.
¿No saben el Director y el Subdirector del CICPC la existencia de tales mafias que operan en sus propias narices? ¿Nadie se lo ha contado al ministro de Relaciones Interiores y hasta a Chávez?
Si la licencia para chatajear se las dio la cabronería de Cabrera, la Fiscal General, también tiene su altísima cuota de responsabilidad, pues el CICPC en materia de detenciones opera bajo la dirección del Ministerio Público. Si esa dama fuese, verdadera garante del Estado de Derecho, ha debido detener tales arbitrariedades. Los muertos en los calabozos de la División de Capturas, no tenían, legal ni constitucionalmente, que estar privados de su libertad pues no se les estaba imputando delitos verdaderamente flagrantes. Dos de los responsables directos de los asesinatos, están presos y uno se ha dado a la fuga. Pero los responsables morales, que son los verdaderos culpables, andan libres, pese a que son más peligrosos.
¿Y usted, qué cree, amiga lectora amigo lector? ¿Qué la cosa no es con usted?  Cuidado no se le presente, mañana, un funcionario del CICPC a decirle que el suyo es “un carro robao” y que usted, es integrante de una mafia de ladrones de automóviles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada